27.3.19

Renovaciones performativas de Alex Schweder

Rented Milk, 2012, Alex Schweder

Performative Renovations

SOAP, Schweder’s Office of Architectural Performances, ofrece renovaciones de los apartamentos de las personas a través de cambios en las formas en que se utilizan en lugar de hacer cambios físicos en el espacio. Suponiendo que las personas usan sus espacios domésticos para performar sus identidades, personalidades y relaciones, tengo una conversación de una hora con mi participante para articular en colaboración quiénes quieren llegar a ser a través de su espacio y diseñar una performance para convertirse en esa persona. Como arquitecto, luego voy a su casa por primera vez, me visto como ellxs, represento el primer ensayo de la performance y luego me tomo una foto en esa situación que finalmente se cuelga en la casa como una instrucción para la renovación.

OK Boyfriend, Alex Schweder

Tub Service, Alex Schweder

SCHWEDER, Alex, «Performative Renovations,» en alexschweder.com, consultado el 27.03.2019 [Traducción propia]


A Piss-Poor Performance

Comencemos con la pareja casada de Heike y Bill (no son sus nombres reales) que son alemana y estadounidense respectivamente. Los hombres alemanes, según Heike, están menos preocupados que sus homólogos estadounidenses por actuar como una persona masculina en casa. Bill, sin embargo, asocia sentirse libre de hacer lo que él quiere en el baño con la sensación de estar en casa; le gusta estar de pie en el baño para orinar. Esto disgusta a Heike. Ella dice que cada vez que oye a Bill usar el baño de esta manera, tiene la imagen de sí misma arrodillada limpiando su orina; este no es el tipo de mujer que es o quiere ser. Bill se defiende señalando que él limpia el baño a menudo. La tensión entre ellos aumenta y ella responde secamente que aunque él tal vez limpia el baño una vez a la semana, salpica el inodoro con su orina varias veces al día. Surge la pregunta de por qué Bill simplemente no se sienta a orinar, a lo que él responde que se siente afeminado haciendo eso, y con toda la persistencia de Heike, él se sentiría "subordinado" si sucumbiera a lo que él veía como exigencias de ella. Con el aumento de la temperatura emocional, Heike responde que su sentimiento de "afeminado" mientras se sienta para mear es ridículo. "Eso es absurdo, ¡yo no me siento como un hombre cuando meo de pie en la ducha!" grita ella. La cara de Bill se vuelve pálida; no tenía idea de que Heike orinaba en la ducha. "Yo no meo en la ducha. Eso es asqueroso," dice. "Te levantas más temprano que yo, lo que significa que piso tu pis cuando me baño después de ti." "Bueno, así es como yo me siento cuando uso tu váter salpicado," le reprocha,"y además, el agua de la ducha lo limpia todo, que es más de lo que tú haces."

Hace siete años comencé una práctica arquitectónica en la que renuevo los hogares de las personas cambiando las formas en que usan, discuten y piensan sobre ellos más que a través de cualquier cambio material. Como parte de esta práctica, me reúno con las personas en mi estudio para una conversación de una hora sobre sus casas. El éxito de esta rama discursiva de lo que yo llamo arquitectura performativa me ha llevado a establecer SOAP (Schweder’s Office for Architectural Performances). El diálogo anteriormente mencionado ocurrió cuando Heike y Bill vinieron a mí con una renovación específica en mente. Desde el altercado, está claro que el baño – y la forma en que lo usan los hombres y las mujeres – es un punto crítico y un lugar de lucha tanto para nuestra identidad de género como para la forma en que las mujeres y los hombres se relacionan entre sí.

Los seres humanos han diseñado esta cosa – el baño – un lugar donde nuestro interior corpóreo está exteriorizado, donde nuestros cuerpos se convierten en no-nuestros. En el baño o en el váter somos más que simples animales que están de pie o sentados.

Por supuesto, tanto si elegimos pararnos como sentarnos no es algo arraigado sino aprendido. "No se nace mujer, se llega a serlo", declaró Simone de Beauvoir en The Second Sex (1973). El psicoanalista Jacques Lacan también vio las diferencias de género como ilusorias. Para él, la segregación de los baños de hombres y mujeres es la culminación de las "leyes de la segregación urinaria;" éstas se imponen cuando lxs niñxs pequeñxs son entrenados para ir al baño, cuando a los niños y las niñas se les enseña a adoptar posturas específicas para orinar.

[...] 

Regresemos entonces a Heike y Bill, a quienes dejamos atrincherados y enojados por las salpicaduras de orina tanto en la ducha como en el váter. Un análisis de su diálogo revela que lo que cada uno quería tenía menos que ver con una idea de género que con el control. Bill sintió su poder comprometido – ya que para muchos hombres el poder está asociado con la masculinidad, dificultando la separación de los dos – si deja que Heike le controle a través de la forma en que mea. Por otra parte, Heike se sintió forzado a performar una femineidad que no le gustaba. Su renovación arquitectónica fue que cada uno pudiera dar su opinión sobre cómo el otro usaba el baño para orinar. Ambos expresaron disgusto por la suciedad percibida del otro, y ambos podrían influir en el otro al cambiar la forma en que se comportaban. Al final, ambos dejaron caer sus armas simultáneamente: cada uno acordó dejar de orinar de pie cuando estaba en casa. Por ello deberíamos hacerles a ambos una ovación sentadxs.


SCHWEDER, Alex, «A Piss-Poor Performance,» Dirty Furniture: Toilet, 3/6, 2016, pp. 98109 [Traducción propia]

6.3.19

Los urinettes en Londres

Bombachas de lino blanco de la Reina Victoria, hacia 1860, Gran Bretaña.

Urinettes

En Londres tuvo lugar un experimento de corta duración alrededor de 1898, cuando se instalaron las llamadas urinettes a modo de prueba en un baño público para mujeres no identificado. Más pequeños que los cubículos convencionales, con cortinas en vez de puertas, se tiraba de la cadena automáticamente como el urinal de hombre. Sin embargo, lo que fue quizás más avanzado que su diseño fue que solo se cobraba medio penique para usarlo. 

Para entender por qué esta propuesta fue tan radical, es importante ponerla en el contexto del Londres victoriano tardío. Las mujeres de entonces que buscaban los baños públicos tuvieron que lidiar con dos obstáculos principales: en primer lugar, tenían que encontrar los baños; y en segundo, tenían que poder pagar para usarlos. Mientras que los hombres podían usar urinarios sin costo alguno y pagar solo un centavo por un cubículo, a las mujeres se les cobraba un centavo siemprelo cual, como George Bernard Shaw observó correctamente, era un "precio absolutamente prohibitivo para una mujer pobre."1 Según Shaw, "ningún hombre ha pensado jamás en esta dificultad hasta que se lo han señalado". Shaw culpó a esta ignorancia generalizada de "la barrera de lo innombrable," que impedía la discusión abierta y libre de las necesidades femeninas.2 En su mayor parte, las funciones corporales de las mujeres—embarazo, menstruación, defecación, miccióneran territorio desconocido, una "oscuridad enmarañada serpenteante" que evocaba el espectro de la sexualidad y el cuerpo femenino incontrolable en la mente popular.3

Las urinettes, sin embargo, intentaron proporcionar una solución de ingeniería para el problema del cobro de centavos. Al igual que los urinarios, las urinettes eran más baratas y más eficientes espacialmente que los sanitarios tradicionales. Además, a pesar del hecho de que el vestido de las mujeres en la década de 1890 todavía era restrictivo, su ropa interior se abría en la entrepierna, sin botones ni abrochaduras. Esta apertura significaba que los urinarios femeninos podrían haber sido más cómodos y más fáciles de usar para las mujeres de lo que serían hoy.

Pero a pesar de que se continuaron instalando, al menos, en la década de 1920, las urinettes nunca parecieron ganar una gran aceptación. Una paciente de Havelock Ellis, Florrie, hizo referencia a la presencia de una urinette en Portsmouth solo para señalar que era estrepitosamente impopular.4 Aunque no hay evidencia histórica de por qué tales experimentos fallaron, lo más probable es que fueran víctimas de un problema mayor al que se enfrentan los baños para mujeres. Al mirar el plano en planta de 1898 para el baño con urinettes y un lavabo, el lado de los hombres tiene siete cubículos, quince urinarios y dos lavabos. Esta asimetría no era accidental, pero era estándar en los baños de esos tiempos.5 



Plano de baño público de Londres de 1898 con urinettes femeninos. De George B. Davis y Frederick Dye, A Complete and Practical Treatise upon Plumbing and Sanitation, 1898.
[Fuente]
Como los ingenieros George Davis y Frederick Dye explicaron en 1898, el problema era que las mujeres a menudo no usaban su lado, con la consecuencia de que los baños para "el sexo débil" eran "más a menudo fracasos, financieramente y prácticamente, que un éxito."6 En consecuencia, se les proporcionaron menos. Sin embargo, la razón por la cual los baños de las mujeres eran fracasos financieros notorios no era simplemente porque las mujeres más pobres no podían permitirse usarlas. La realidad era que, lejos de ser usado universalmente por mujeres, los baños públicos a menudo eran rechazados por ellas, ya sea por temor, disgusto o, como expresaron Davis y Dye, un "peculiar exceso de pudor" que forzó sus cierres.7

Con esta revelación, el panorama se vuelve considerablemente más complejo. Los baños públicos de mujeres estaban claramente definidos por las nociones contemporáneas de la decencia y la feminidad. Pero el cierre de los baños femeninos también nos recuerda que las mujeres victorianas estaban tan involucradas en estos discursos como los hombres victorianos, en la medida en que a menudo anulaban sus propias necesidades físicas cuando estaban en público.

[1] George Bernard Shaw,
"The Unmentionable Case for Women’s Suffrage," en Practical Politics, ed. Lloyd J. Hubenka (Lincoln: University of Nebraska Press, 1976), 104.
[2] Ibid., 103.
[3] Jennifer Bloomer, "The Matter of the Cutting Edge," en Desiring Practices, ed. Duncan McCorquodale, Katerina Redi, y Sarah Wigglesworth (Londres: Black Dog, 1996), 15.
[4] Florrie señala que las mujeres huían de las urinettes "con horror." Citado en Simone de Beauvoir, The Second Sex, ed. y trans. H. M. Parshley, (1949; Londres: Vintage, 1997), 303.
[5] Esta asimetría sigue presente. Un estudio realizado por el Departamento de Medio Ambiente de Estados Unidos en 1992 determinó que la proporción promedio de baños de hombres y mujeres en teatros y cines es de cincuenta y tres a cuarenta y siete. El ideal sería de unos treinta y ocho a sesenta y cuatro. Grace Bradberry, "Why Are We Waiting?" The Times, Septiembre 6, 1999, sec. 3, p. 37.
[6] George B. Davis y Frederick Dye, A Complete and Practical Treatise upon Plumbing and Sanitation Embracing Drainage and Plumbing Practice etc. (Londres: E. and F. N. Spon, 1898), 171-72.
[7] Ibid., 182.

GERSHENSON, Olga, ‎PENNER, Barbara (eds.), Ladies and Gents: Public Toilets and Gender, Temple University Press, Philadelphia, 2009, p. 143-144. [Traducción propia]

5.3.19

Baños públicos para mujeres en la Gran Bretaña victoriana


Cerradura de puerta de baño público que funciona con moneda. Para cerrar la puerta y poner el letrero de libre a ocupado había que insertar una moneda de un centavo por la ranura. De ahí la expresión "to spend a penny".
Imagen del Science Museum de Londres. [Fuente]

Históricamente, las letrinas públicas compartidas han sido características de la mayoría de las comunidades, y esto sigue siendo así en países en desarrollo como Ghana, China e India. Los baños privados y segregados por sexo fueron una invención moderna y europea occidental ligada a la urbanización, el surgimiento de la reforma sanitaria, la privatización de las funciones corporales y la ideología de género de áreas separadas. Como explica la historiadora Deborah Brunton, en el siglo XIX, servicios públicos como la pavimentación, la iluminación y los servicios contra incendios fueron asumidos por las autoridades municipales como parte de su jurisdicción para garantizar "la circulación libre y segura de bienes y personas" (2005, 188; ver también Laporte 1993). Desde la década de 1840, la preocupación por la salud pública dio a la provisión de baños públicos una urgencia moral y práctica, mientras que la exitosa instalación por George Jinning en The Great Exhibition de 1851 dio a los baños el sello de aprobación oficial (Wright 1960, 200). Sin embargo, la gran mayoría de las instalaciones públicas eran solo para hombres: mientras que las grandes ciudades de Escocia proporcionaban servicios masculinos a partir de la década de 1820, por ejemplo, los servicios femeninos no se construyeron hasta la década de 1860 (Brunton 2005, 191). La falta de baños públicos modificó significativamente la movilidad de las mujeres en la ciudad: en palabras de un contemporáneo: "O las mujeres no salían o las mujeres no 'iban'" (citado en Rappaport 200, 82). En respuesta, la Ladies’ Sanitary Association y miembrxs del público interesadxs ​​hicieron campaña para el establecimiento de las instalaciones para mujeres en lugares muy concurridos. Uno de esos lugares fue el cruce de Park Street y Camden High Street en la sacristía londinense de St. Pancras (Penner 2001). 

Fue en ese cruce donde el gobierno local decidió construir un baño para mujeres. Los residentes y propietarios de ómnibus se opusieron fuertemente. No se limitaron a palabras—el prototipo de madera de un baño construido en la obra fue vandalizado bajo el pretexto de que estaba "obstruyendo el tráfico". El 5 de septiembre de 1900, una delegación se presentó ante el gobierno local para exigir que se pusiera fin a la construcción. Sus miembros se quejaron de que el baño de mujeres reduciría el valor de sus propiedades y cuestionaron la necesidad de tales instalaciones, afirmando falsamente que la mayoría de las mujeres que pasaban por el cruce vivían cerca y podían hacer sus necesidades en casa. Finalmente, uno de los miembros admitió que simplemente "no quería un lugar así bajo su propia ventana" (Penner 2001, 41). Otro lo llamó una "abominación". Como resultado, a pesar de la persistencia del solitario George Bernard Shaw, la obra fue abandonada. No fue hasta diciembre de 1905, después de cinco años de estancamiento, que se tomó la decisión de construir un baño para mujeres en Park Street. 

¿Qué impulsó la fuerte oposición al baño de mujeres? La historiadora de arquitectura Barbara Penner explica que "los miembros de la delegación sintieron claramente que la capacidad para escandalizar y ofender de la instalación propuesta era causada menos por su función que por el sexo de sus futuras usuarias" (2001, 41). Sancionar el baño de mujeres sancionaba eficazmente la presencia femenina en las calles, que violaba el decoro de la clase media y los ideales de las mujeres como estáticos y domésticos. Además, "debido a sus provocativas asociaciones corpóreas, un baño femenino evocaba el espectro de la sexualidad que... envolvía una nebulosa constelación de cuestiones que iban más allá de la conducta sexual en sí misma" (Penner 2001, 45). Al hacer visibles los cuerpos de las mujeres y sus funciones "privadas", el baño amenazaba con transformar a sus usuarias en "mujeres públicas". Estas evocaciones salieron a la superficie en el aire de superioridad y ridiculización que acompañaron al debate en la junta parroquial*, permitiendo un juego de palabras escurridizo para pasar de los lavabos al burdel. La clase social también jugó un papel importante cuando surgieron temores de que el lavabo podría convertirse en una área en la que las mujeres que salían de compras se mezclarían promiscuamente con mujeres de la fábrica o floristas—suponiendo, por supuesto, que estas últimas podrían pagar el precio prohibitivo (y también controvertido) de un centavo (2001, 45).1

[1] Cabe señalar que los temores de contagio entre clases sociales todavía son evidentes en la Gran Bretaña actual. Un artículo reciente en The Guardian señaló que los ciudadanos de Romsey tuvieron que pagar £5000 por un inodoro nuevo para uso exclusivo de la reina. También tiene su propio "trono" especialmente diseñado y que nunca ha usado en la Government House en Hong Kong (Hoggart 2007, 25). 

Referencias: 
Brunton, D. 2005. "Evil Necessaries and Abominable Erections: Public Conveniences and Private Interests in the Scottish City, 1830-1870." Social History of Medicine 18 (2): 187-202.
Hoggart, S. 2007. "Simon Hoggart’s Week: Cues, Royal Loos, and Money Down the Pan." The Guardian, October. 20.
Laporte, D. 1993. History of Shit. Trans. N. Benabid and R. el-Khoury. Cambridge, Mass.: MIT Press.
Penner, B. 2001 "A World of Unmentionable Suffering: Women’s Public Conveniences in Victorian London." Journal of Design History 14 (1): 35-52.
Wright, L. 1960. Clean and Decent: The Fascinating History of the Bathroom and the Water-Closet and of Sundry Habits, Fashions and Accessories of the Toilet, Principally in Great Britain, France, and America. London: Routledge and Paul.

GERSHENSON, Olga, ‎PENNER, Barbara (eds.), "Introduction: The Private Life of Public Conveniences", en Ladies and Gents: Public Toilets and Gender, Temple University Press, Philadelphia, 2009, p. 5-6 [Traducción propia]

* Una junta parroquial (vestry en inglés) era un comité para el gobierno local secular y eclesiástico de un distrito en Inglaterra y Gales que originalmente se reunía en la sacristía de la iglesia parroquial. Las funciones seculares y eclesiásticas de los distritos no se separaron hasta 1984 bajo reformas locales de gobierno. [Fuente]

4.2.19

Changing Room, de Elmgreen & Dragset

Changing Room/Powerless Structures, Fig. 128, 2018, Elmgreen & Dragset
Fotografía: Jack Hems.

Una puerta de vestuario aparentemente común parece ser, tras una inspección más cercana, disfuncional. Con dos pomos y solo el letrero de ‘Changing Room,’ cualquier indicación de género permanece ausente y ambigua. A lo largo de su carrera, Elmgreen & Dragset ha producido una serie de trabajos con el título general Powerless Structures. En esta serie exploran lo que sucede cuando se modifican las estructuras arquitectónicas, sociales y culturales, así como la estética y las funciones de los espacios y objetos. El título deriva de la teoría del filósofo Michel Foucault (1926-1984) de que las estructuras mismas no pueden imponer poder; en cambio, solo ganan autoridad a través de las formas en que las sociedades las aceptan. Las puertas en general son símbolos tanto de apertura como de exclusión; Elmgreen & Dragset han reconfigurado la función de las puertas desde principios de la década del 2000 y, al hacerlo, nos invitan a reflexionar sobre las estructuras cotidianas que damos por sentado.

Texto del folleto de la exposición Elmgreen & Dragset: This Is How We Bite Our Tongue en la Whitechapel Gallery del 27 Septiembre 2018 al 13 Enero 2019, comisariada por Laura Smith, comisaria de la Whitechapel Gallery, junto con Habda Rashid, asistente de comisariado de la Whitechapel Gallery. [Traducción propia]

31.12.18

Homonacionalismo 01 #glosario

What is Homonationalism?, 2017, por Shon Faye 
[Fuente]

Descripción
¿Avanza siempre la sociedad hacia la aceptación y la tolerancia? ¿Supera siempre la historia al opresor? ¿O se construye siempre la liberación queer a expensas de alguien más?
Shon Faye examina el concepto de ‘homonacionalismo’, propuesto por primera vez por Jasbir Puar en 2007. Puar argumentó que los movimientos LGTB occidentales a menudo están relacionados con la defensa de la soberanía racista del estado-nación. ¿Cómo hemos de considerar su trabajo una década después? Este año (2017), Trump intentó revertir los derechos LGTB y otros en Europa intentaron apropiarse de partes de la política de liberación queer para fines nacionalistas. ¿Cómo nos ayuda la crítica del homonacionalismo a entender esto?
@ShonFaye

Transcipción
Hola, soy Shon Faye y esto es Shon This Way. Y en este episodio me preguntaré: ¿qué es el homonacionalismo?

‘Homonacionalismo’ es un término que fue acuñado por la académica Jasbir Puar en su texto de referencia Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times, que cumple su décimo aniversario este año (2017). Y si no estás seguro de cómo celebrar el décimo cumpleaños de un texto referente en la teoría queer y la biopolítica foucaultiana – no busques más, ¡porque ya he organizado la fiesta!

A veces, especialmente en los círculos activistas, el concepto se ha simplificado para referirse sólo a cualquier momento que la política de liberación LGTB podría ser apropiada por los nacionalismos de la extrema derecha. Por ejemplo, el llamamiento del Frente Nacional a las personas homosexuales blancas en Francia basado en la racista propagación del miedo sobre la homofobia musulmana o, en los EE.UU., el aumento de los eslóganes y grupos LGTB a favor de la derecha, incluyendo, entre otros, Twinks 4 Trump...

Mientras este fenómeno – del fascismo o la supremacía blanca apropiándose de la política LGTB para sus propios fines – es real y alarmante, no es exactamente lo que el homonacionalismo es. El homonacionalismo, como Puar lo propone, es un principio de análisis u organización de la política global, no una ideología personal que se puede elegir o rechazar como individuo. No se trata de gays 'buenos' o gays 'malos'.

Terrorist Assamblages fue un rechazo de la idea que a veces se encuentra en la teoría feminista y queer de los años 90 de que el estado-nación es siempre heteronormativo y que lx ciudadanx queer es siempre unx extranjerx o unx criminal en él. En cambio, Puar sostiene que el homonacionalismo es "Cómo la 'aceptación' y la 'tolerancia' para los sujetos gays y lesbianos se han convertido en un barómetro mediante el cual se evalúa el derecho y la capacidad de soberanía nacional". Rethinking Homonationalism (2013) Jasbir Puar

Entonces, ¿qué significa esto? Bueno, en otras palabras, significa que no se trata de cuándo las personas LGTB y el racismo unen fuerzas visiblemente, sino que es una crítica. Una crítica que básicamente argumenta que todos los movimientos liberales por los derechos de las lesbianas y los gays defienden ciertas ideas de progreso social y modernidad. En particular, los movimientos de igualdad LGTB se basan en el supuesto básico de que el estado-nación occidental es capaz de expandirse para incluir a todas las poblaciones marginadas y de ser un benefactor para todos sus sujetos.

Puar argumenta que estas suposiciones y discursos no pueden ser ciertos, ya que siempre ofrecen a algunas poblaciones una ciudadanía legal y cultural plena a expensas de otras, específicamente Otras racializadas tanto en el país como a nivel internacional. 
Un ejemplo simple sería el progreso hacia el matrimonio igualitario. El matrimonio ha sido considerado la cúspide de la participación de gays y lesbianas en la vida cívica. Y el matrimonio sí proporciona igualdad con lxs ciudadanxs heterosexuales. Pero también defiende una institución que, por ejemplo, refuerza las normas sexuales y familiares occidentales como supremas y excepcionales en comparación con las de otras culturas. El matrimonio también apoya al estado-nación como el árbitro supremo de la sexualidad de forma que a veces permite a lxs que están dentro de la institución el derecho a permanecer o la ciudadanía, mientras que lxs que están fuera de ella pueden ser deportadxs.

Un ejemplo más moderno diez años después (2017) podría ser los derechos de las personas transgénero. Así, por ejemplo, como parte del proceso social y legal de ‘transición’ dentro de un estado-nación, una mujer trans – como yo – puede solicitar un pasaporte femenino. Si bien esto puede considerarse un éxito de un movimiento moderno de derechos trans y un ejemplo de la excelencia de un estado-nación liberal que permite a sus ciudadanxs trans la participación plena en la vida nacional, la existencia misma de pasaportes aún respalda la soberanía del estado-nación para controlar sus fronteras, para arrestar, detener y deportar a quienes no tienen documentación, y su papel en el uso del sistema de pasaportes para la vigilancia y la monitorización de minorías racializadas como parte de sus esfuerzos contra el terrorismo, así como todas las exclusiones capitalistas que vienen con la no-ciudadanía. 
¿Eso significa que no voy a solicitar un pasaporte? Por supuesto que no – y esto es lo que significa que el homonacionalismo es más una lente a través de la que ver la política queer que una mala filosofía política que puedas simplemente rechazar.

Sin embargo, diez años después (2017) de la publicación de Terrorist Assemblages, que fue considerado en gran medida el principal análisis queer después del 11-S y la Guerra contra el Terror, nos encontramos en un panorama político bastante diferente. ¿Cómo, por ejemplo, responden las comunidades queer conscientes de la crítica del homonacionalismo al intento del presidente Trump de prohibir a las personas transgénero servir en el ejército de los EE.UU. este año (2017)? La intención de Trump no era simplemente indicar que las personas trans son una carga para la salud y la vitalidad del estado-nación, sino utilizar la atención sanitaria financiada con fondos públicos del personal de servicio trans como un campo de pruebas más amplio para las políticas relacionadas con la atención sanitaria financiada con fondos públicos y cuyos cuerpos son desechables.

Sin embargo, para contradecir el simbolismo del movimiento es difícil no recrear discursos homonacionalistas, específicamente que lxs ciudadanxs trans estadounidenses tienen total derecho a participar en el complejo industrial militar de su país. O, para decirlo con más claridad, que las personas trans estadounidenses son tan buenas para matar a personas no-blancas en el extranjero como las personas cis.

Cuando los derechos LGTB para las personas blancas y/o con ciudadanía se ven forzados activamente a retroceder, los discursos homonacionalistas se afianzan en respuesta. ¿Entonces, cuál es la solución? Bueno, ¿tal vez sea mirar al propósito de la atención médica universal en lugar de a los militares y luchar contra Trump en la postura de que algunos cuerpos tienen derecho a la atención sanitaria pública mientras que otros no? Aplicar la perspectiva del homonacionalismo debería ser un llamamiento a un debate mayor y una crítica de cómo se ve la liberación, su estado, su forma y sus limitaciones.

El homonacionalismo es un tema enorme, complejo y expansivo que solo puedo empezar a tocar superficialmente en compartibles de las redes sociales. Pero si hay algo que me gustaría sacar de este video es que no es una posición política diseñada para separar la buena política de la mala política, sino más bien una estructura a través de la cual se forma la política y la liberación queer. En lugar de darnos respuestas sobre la forma correcta de luchar – ojalá las cosas fuesen tan fáciles – el homonacionalismo nos invita a criticar duramente nuestro propio papel en la política global, incluso cuando nos juntamos bajo la bandera de la liberación queer o la política antirracista. 
[...]

FAYE, Shon, «What is Homonationalism?», en novaramedia.com, consultado el 31.12.2018 [Traducción propia]