31.3.20

Consejos para ser unx buenx aliadx de las personas trans BAME, por Sabah Choudrey

Los 10 mejores consejos para ser unx buenx aliadx de las personas trans BAME1
1 REVISA TU PRIVILEGIO
El hecho de que tengas privilegios no te convierte en una mala persona o unx malx aliadx – todxs tenemos privilegios. Parte de ser unx buenx aliadx es la autorreflexión crítica y ser consciente de tu privilegio, así que piensa en las formas en que tienes poder en la sociedad como persona blanca o persona cis; reconócelo y asume responsabilidad por ello. Y no tengas miedo de escuchar que lo estás haciendo mal; parte de ser unx buenx aliadx es ser capaz de pedir perdón.
2 NO TRATES A LAS PERSONAS COMO TOKENS2 O TICKS PARA RELLENAR CASILLAS
Las personas trans BAME no son ticks en casillas para ganar puntos de aliadx, y tener un amigx o trabajadorx BAME no te convierte automáticamente en unx buenx aliadx, ni te hace incapaz de ser racista. No todas las personas BAME son iguales, ni tienen las mismas opiniones. Reconoce que hay falsa inclusividad y los errores cuando ocurran, y evita el tokenismo.
3 ESTATE DISPUESTX A ESCUCHAR
Lo más importante que puede hacer es escuchar las voces de las personas trans BAME. Escuchar a alguien que ha vivido la experiencia de un problema es muy importante y te ayudará a comprender el núcleo del problema, y es la mejor manera de educarte a ti mismx.
4 NO ASUMAS QUE SABES CÓMO ES EL RACISMO
El racismo es sutil e insidioso, y no siempre es tan obvio como el KKK. El racismo adopta muchas formas y significa muchas cosas, incluidas las microagresiones y la discriminación que es institucional, cotidiana y multidireccional.
5 HAZ TUS TAREAS
Infórmate sobre los problemas trans BAME. Ser unx buenx aliadx no es buscar a alguien que te enseñe acerca de las personas con las que quieres ser aliadx – es asumir la responsabilidad de ti mismx.
6 NO HAGAS SUPOSICIONES
El hecho de que una persona se identifique con un grupo no significa que no pueda identificarse como parte de otro grupo. Aprender sobre la interseccionalidad te ayudará a comprender que nuestras identidades son complejas y, a veces, no visibles, pero nos afectan de todos modos. Hay identidades BAME que no son visibles, lo que significa que las necesidades no siempre son obvias, por ejemplo, una persona de raza mixta que pasa por blanca todavía se verá afectada por el racismo.
7 MANTÉN UNA MENTE ABIERTA
Estate abiertx a comprender que la forma en que aprendiste sobre género o las palabras que usas para describir tu identidad de género no son las únicas. El género se experimenta de manera diferente en todo el mundo, ya que las personas se socializan de manera diferente en otras culturas y religiones. Las personas BAME pueden experimentar disforia racializada y conceptos de masculinidad y feminidad racializados.
8 NO JUEGUES A "LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LAS OPRESIONES"
Ser unx aliadx no se trata de comparar quien tiene una vida más difícil o de comparar unas opresiones con otras. El hecho de que alguien sea trans no significa que sepan lo que es ser BAME o que no puedan ser racistas. No hay ganadores ni perdedores de quién es el más oprimido. Es posible que múltiples grupos afronten la opresión, no ignores la interseccionalidad.
9 ESTATE DISPUESTX A LUCHAR CONTRA LXS INTOLERANTES Y LA INJUSTICIA
Promueve la igualdad y la justicia racial en tu comunidad. Si te sientes cómodx, cuestiona a tus amigxs y compañerxs por su racismo, incluso cuando no haya personas BAME a tu alrededor. Estarán más abiertos a escucharte y te dará la oportunidad de conseguir una repercusión de verdad.
10 NO DEJES DE INTENTARLO
Sigue intentándolo y luchando por la justicia racial y la igualdad. No pasa nada/no importa si sigues cometiendo errores, ya que es un proceso de aprendizaje. Sé compasivx contigo mismx y con los demás, y date tiempo y espacio para crecer.
CHOUDREY, Sabah, Inclusivity: Supporting BAME trans people, Gender Identity Research & Education Society (GIRES), 2016. [Traducción propia]

[1] 
"BAME" es la abreviación de "Black, Asian & Minority Ethnic", y se utiliza para referirse a personas negras, asiáticas y minorías étnicas (incluidas las identidades africanas, del Medio Oriente, indígenas y de raza mixta). A veces escrito como "BME".

[2] El tokenismo es la práctica superficial y simbólica de inclusión de minorías para dar una imagen de diversidad y así evitar acusaciones de discriminación. Token es una persona perteneciente a un grupo minoritario que se emplea como icono representativo de ese grupo más que como individux. El término en inglés, tokenism, surgió en los años 60 en el movimiento afro por los derechos civiles en Estados Unidos, y apareció publicado por primera vez en un artículo de Martin Luther King Jr. en The New York Times Magazine en 1962.

14.2.20

Los Baños Públicos necesitan ser Seguros y Accesibles para Todxs, por Anja Neidhardt

Los baños públicos, tal como los conocemos hoy en nuestra sociedad occidental, están diseñados en torno a la segregación de las personas en "hombres" y "mujeres": antes de entrar, tenemos que decidir en función de su respectiva señalización entre los baños para hombres y aquellos para mujeres. Cualquiera que sea la puerta por la que pasamos, generalmente nos encontramos en un gran espacio que contiene lavabos y cubículos (y, en el de los hombres, a menudo una serie de urinarios). Si hay una tercera puerta, generalmente lleva un símbolo de una persona en silla de ruedas – una señal que, cuando se compara con las otras dos, parece sugerir que las personas con diversidad funcional no tienen género – y conduce a una habitación con instalaciones que incluyen un lavabo accesible para silla de ruedas para usuarixs con diversidad funcional. Mucho más allá del ámbito de la señalización, el diseño de los baños públicos es problemático – aquellos para personas con diversidad funcional, por ejemplo, con frecuencia no alcanzan la accesibilidad prometida.

Señalización de baño de género-neutro, Baby Wale Restaurant DC.
Surgen muchas preguntas: ¿Por qué algunos edificios ofrecen menos baños para mujeres que para hombres? ¿Por qué el diseño de los baños públicos trata a las mujeres y los hombres de manera desigual? ¿Por qué los cambiadores para bebés se colocan principalmente en los baños de mujeres? ¿No hay padres con bebés que necesiten tales cambiadores? ¿Que deberían hacer? ¿Por qué los baños accesibles a menudo están cerrados y las llaves fuera de alcance? ¿Cómo deben maniobrar las personas que menstrúan ante la segregación espacial del inodoro y el lavabo? ¿Qué pasa con aquellxs que no se identifican como hombre o mujer? ¿Y aquellxs que no se ajustan a los estereotipos de género en su apariencia? El diseño actual de nuestros baños públicos, de hecho, discrimina a la mayoría de la población.

Los baños públicos no sólo se segregan entre "hombres", "mujeres" y "personas con diversidad funcional". También hay menos baños para mujeres que para hombres, aún menos son los habilitados para personas con diversidad funcional. Dado que muchos edificios públicos, los de las empresas y fábricas incluidas, fueron diseñados y construidos por hombres heterosexuales blancos y con cuerpos normativos en un momento en que pocas mujeres y personas con diversidad funcional estudiaban en universidades o trabajaban en bloques de oficinas, por señalar dos ejemplos, estos grupos fueron pasados ​​por alto o ignorados. Aunque hoy en día existen baños públicos para mujeres y personas con diversidad funcional, su número sigue siendo bajo. Como investigadoras de arquitectura y diseño, Kathryn H. Anthony y Meghan Dufresne señalan en su texto "Potty Parity in Perspective: Gender and Family Issues in Planning and Designing Public Restrooms" (2007) que esta forma de discriminación tiene efectos sobre la salud, especialmente para las mujeres. Casi una cuarta parte de todxs lxs adultxs con órganos reproductores femeninos está menstruando en este momento. Las mujeres también son más propensas a sufrir incontinencia o tener que cuidar a niñxs pequeñxs. Esos son factores de estrés, más aún cuando no hay baños (gratuitos) disponibles.

Sólo los cubículos de los llamados baños de mujeres están (a menudo, no siempre) equipados con contenedores sanitarios. Para aquellos que se identifican como hombres, pero que, sin embargo, menstrúan, esto plantea uno de los muchos problemas que conlleva el diseño actual de los baños públicos. Incluso si los cubículos están equipados con contenedores sanitarios, el lavabo se encuentra fuera de éstos. Quien se lava primero las manos para poder cambiarse luego la compresa o el tampón, o vaciar la copa menstrual, todavía tiene que arreglárselas para abrir y cerrar la puerta del cubículo de manera higiénica sin entrar en contacto con nuevos gérmenes. El diseño espacial hace que sea imposible enjuagar la copa menstrual. Antes de vestirse de nuevo y salir del cubículo, sólo puede limpiarse la sangre de las manos de manera incómoda e improvisada con la ayuda del papel higiénico o con toallitas húmedas que haya traído consigo.
 
Activistas de la iniciativa "People in Search of Safe and Accessible Restrooms" (PISSAR). Imagen de la publicación That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
[Fuente
Estudios como el artículo de Jody L. Herman "Gendered Restrooms and Minority Stress" revelan que el diseño convencional de baños públicos no sólo ignora y excluye a las personas transgénero y de género-no-conforme, sino que también las expone al peligro y puede conducir a situaciones de conflicto. Según una encuesta detallada en el artículo de Herman, al 18 por ciento de lxs encuestadxs se les ha negado el acceso a un baño público, el 68 por ciento ha sufrido acoso verbal, como por ejemplo el cuestionamiento de su género, mientras que el 9 por ciento incluso fue agredido físicamente. El 54 por ciento de lxs encuestadxs informaron sobre problemas de salud atribuibles al hecho de evitar baños públicos (como resultado de aguantarse, por ejemplo). Estos hallazgos muestran que dichas instalaciones no son accesibles y seguras para todxs por igual.


La lista de verificación creada por PISSAR, publicada en el libro
That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
Foto: Anja Neidhardt, Depatriarchise Design.
[Fuente]

¿Cómo se puede hacer que los baños públicos sean seguros, accesibles y utilizables por todxs? En 2003, estudiantes de la Universidad de California en Santa Bárbara pusieron en marcha la iniciativa "People in Search of Safe and Accessible Restrooms" (PISSAR). Equipados con una cinta métrica, un portapapeles y una lista de verificación, se pusieron en marcha para patrullar, evaluar, documentar y mapear todas las instalaciones del campus. Su lista de verificación incluía preguntas sobre la señalización de la puerta del baño, sobre la disponibilidad (o no) de pasamanos, sobre la altura de los espejos, lavabos y dispensadores de tampones, y sobre la disponibilidad y ubicación de los cambiadores para bebés. Además de llamar la atención sobre el tema, lxs activistas y los datos que recopilaron ayudaron a resaltar las fallas y presionaron a lxs gerentes de las universidades para que las abordaran. Los esfuerzos de PISSAR no sólo resultaron en el rediseño de los baños, sino también en que la universidad acordó, como política, que todos los futuros proyectos de construcción deberían tener baños accesibles y de género neutro. Aunque el grupo se ha disuelto desde entonces, ha inspirado a muchxs otrxs activistas.




La lista de verificación creada por PISSAR, publicada en el libro
That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation.
Foto: Anja Neidhardt, Depatriarchise Design.
[Fuente]


Los estudios de arquitectura y diseño deberían aprender de estas iniciativas y trabajar en soluciones. Por supuesto, también las leyes y las normas tienen que cambiar, pero lxs diseñadorxs pueden contribuir significativamente a repensar los encargos públicos y privados. Muy a menudo, los estudios proponen instalaciones basadas en cubículos de género neutro, de planta abierta, que todavía se basan en una separación de inodoros y lavabos. Son sólo una solución superficial. Todavía discriminan a las personas que menstrúan. Y también a las mujeres que buscan un momento para ellas mismas, mirarse al espejo o acomodarse el pañuelo. Momentos en los que todxs deberían sentirse segurxs. Pero el espacio compartido en el que se colocan los lavabos y los espejos no ofrece refugio a la mirada masculina. El estrés que sienten puede ser incluso mucho mayor para lxs supervivientes de violencia sexual.

El concepto de las instalaciones basadas en cubículos y de planta abierta debe ser reemplazado por habitáculos individuales y accesibles, cada uno con un solo inodoro, un contenedor sanitario, un lavabo y sin señalización específica de género. Como consecuencia, no sólo habría suficiente espacio para lxs usuarixs con sillas de ruedas, sino también para las personas con carrito de bebé, y niñxs y personas que necesitan asistencia. Los baños públicos deben diseñarse de manera que sean seguros y accesibles para todxs. También tiene que responder a todas las necesidades y cuidar lxs supervivientes de violencia sexual, especialmente las mujeres y las personas transgénero.

Otras Lecturas:
  • Kathryn H. Anthony y Meghan Dufresne, “Potty Parity in Perspective: Gender and Family Issues in Planning and Designing Public Restrooms”, Journal of Planning Literature, 2017
  • Jody L. Herman, “Gendered Restrooms and Minority Stress: The Public Regulation of Gender and Its Impact on Transgender People’s Lives”, The Williams Institute, UCLA School of Law, 2013.
  • Alison Kafer, Feminist, Queer, Crip, Bloomington: Indiana University Press, 2013.
  • Simone Chess, Alison Kafer, Jessi Quizar, Mattie Udora Richardson, “Calling all Restroom Revolutionaries!”, en: Mattilda Bernstein Sycamore (ed.), That’s Revolting! Queer Strategies for Resisting Assimilation, Berkeley: Soft Skull Press, 2008.

27.3.19

Renovaciones performativas de Alex Schweder

Rented Milk, 2012, Alex Schweder

Performative Renovations

SOAP, Schweder’s Office of Architectural Performances, ofrece renovaciones de los apartamentos de las personas a través de cambios en las formas en que se utilizan en lugar de hacer cambios físicos en el espacio. Suponiendo que las personas usan sus espacios domésticos para performar sus identidades, personalidades y relaciones, tengo una conversación de una hora con mi participante para articular en colaboración quiénes quieren llegar a ser a través de su espacio y diseñar una performance para convertirse en esa persona. Como arquitecto, luego voy a su casa por primera vez, me visto como ellxs, represento el primer ensayo de la performance y luego me tomo una foto en esa situación que finalmente se cuelga en la casa como una instrucción para la renovación.

OK Boyfriend, Alex Schweder

Tub Service, Alex Schweder

SCHWEDER, Alex, «Performative Renovations,» en alexschweder.com, consultado el 27.03.2019 [Traducción propia]


A Piss-Poor Performance

Comencemos con la pareja casada de Heike y Bill (no son sus nombres reales) que son alemana y estadounidense respectivamente. Los hombres alemanes, según Heike, están menos preocupados que sus homólogos estadounidenses por actuar como una persona masculina en casa. Bill, sin embargo, asocia sentirse libre de hacer lo que él quiere en el baño con la sensación de estar en casa; le gusta estar de pie en el baño para orinar. Esto disgusta a Heike. Ella dice que cada vez que oye a Bill usar el baño de esta manera, tiene la imagen de sí misma arrodillada limpiando su orina; este no es el tipo de mujer que es o quiere ser. Bill se defiende señalando que él limpia el baño a menudo. La tensión entre ellos aumenta y ella responde secamente que aunque él tal vez limpia el baño una vez a la semana, salpica el inodoro con su orina varias veces al día. Surge la pregunta de por qué Bill simplemente no se sienta a orinar, a lo que él responde que se siente afeminado haciendo eso, y con toda la persistencia de Heike, él se sentiría "subordinado" si sucumbiera a lo que él veía como exigencias de ella. Con el aumento de la temperatura emocional, Heike responde que su sentimiento de "afeminado" mientras se sienta para mear es ridículo. "Eso es absurdo, ¡yo no me siento como un hombre cuando meo de pie en la ducha!" grita ella. La cara de Bill se vuelve pálida; no tenía idea de que Heike orinaba en la ducha. "Yo no meo en la ducha. Eso es asqueroso," dice. "Te levantas más temprano que yo, lo que significa que piso tu pis cuando me baño después de ti." "Bueno, así es como yo me siento cuando uso tu váter salpicado," le reprocha,"y además, el agua de la ducha lo limpia todo, que es más de lo que tú haces."

Hace siete años comencé una práctica arquitectónica en la que renuevo los hogares de las personas cambiando las formas en que usan, discuten y piensan sobre ellos más que a través de cualquier cambio material. Como parte de esta práctica, me reúno con las personas en mi estudio para una conversación de una hora sobre sus casas. El éxito de esta rama discursiva de lo que yo llamo arquitectura performativa me ha llevado a establecer SOAP (Schweder’s Office for Architectural Performances). El diálogo anteriormente mencionado ocurrió cuando Heike y Bill vinieron a mí con una renovación específica en mente. Desde el altercado, está claro que el baño – y la forma en que lo usan los hombres y las mujeres – es un punto crítico y un lugar de lucha tanto para nuestra identidad de género como para la forma en que las mujeres y los hombres se relacionan entre sí.

Los seres humanos han diseñado esta cosa – el baño – un lugar donde nuestro interior corpóreo está exteriorizado, donde nuestros cuerpos se convierten en no-nuestros. En el baño o en el váter somos más que simples animales que están de pie o sentados.

Por supuesto, tanto si elegimos pararnos como sentarnos no es algo arraigado sino aprendido. "No se nace mujer, se llega a serlo", declaró Simone de Beauvoir en The Second Sex (1973). El psicoanalista Jacques Lacan también vio las diferencias de género como ilusorias. Para él, la segregación de los baños de hombres y mujeres es la culminación de las "leyes de la segregación urinaria;" éstas se imponen cuando lxs niñxs pequeñxs son entrenados para ir al baño, cuando a los niños y las niñas se les enseña a adoptar posturas específicas para orinar.

[...] 

Regresemos entonces a Heike y Bill, a quienes dejamos atrincherados y enojados por las salpicaduras de orina tanto en la ducha como en el váter. Un análisis de su diálogo revela que lo que cada uno quería tenía menos que ver con una idea de género que con el control. Bill sintió su poder comprometido – ya que para muchos hombres el poder está asociado con la masculinidad, dificultando la separación de los dos – si deja que Heike le controle a través de la forma en que mea. Por otra parte, Heike se sintió forzado a performar una femineidad que no le gustaba. Su renovación arquitectónica fue que cada uno pudiera dar su opinión sobre cómo el otro usaba el baño para orinar. Ambos expresaron disgusto por la suciedad percibida del otro, y ambos podrían influir en el otro al cambiar la forma en que se comportaban. Al final, ambos dejaron caer sus armas simultáneamente: cada uno acordó dejar de orinar de pie cuando estaba en casa. Por ello deberíamos hacerles a ambos una ovación sentadxs.


SCHWEDER, Alex, «A Piss-Poor Performance,» Dirty Furniture: Toilet, 3/6, 2016, pp. 98109 [Traducción propia]

6.3.19

Los urinettes en Londres

Bombachas de lino blanco de la Reina Victoria, hacia 1860, Gran Bretaña.

Urinettes

En Londres tuvo lugar un experimento de corta duración alrededor de 1898, cuando se instalaron las llamadas urinettes a modo de prueba en un baño público para mujeres no identificado. Más pequeños que los cubículos convencionales, con cortinas en vez de puertas, se tiraba de la cadena automáticamente como el urinal de hombre. Sin embargo, lo que fue quizás más avanzado que su diseño fue que solo se cobraba medio penique para usarlo. 

Para entender por qué esta propuesta fue tan radical, es importante ponerla en el contexto del Londres victoriano tardío. Las mujeres de entonces que buscaban los baños públicos tuvieron que lidiar con dos obstáculos principales: en primer lugar, tenían que encontrar los baños; y en segundo, tenían que poder pagar para usarlos. Mientras que los hombres podían usar urinarios sin costo alguno y pagar solo un centavo por un cubículo, a las mujeres se les cobraba un centavo siemprelo cual, como George Bernard Shaw observó correctamente, era un "precio absolutamente prohibitivo para una mujer pobre."1 Según Shaw, "ningún hombre ha pensado jamás en esta dificultad hasta que se lo han señalado". Shaw culpó a esta ignorancia generalizada de "la barrera de lo innombrable," que impedía la discusión abierta y libre de las necesidades femeninas.2 En su mayor parte, las funciones corporales de las mujeres—embarazo, menstruación, defecación, miccióneran territorio desconocido, una "oscuridad enmarañada serpenteante" que evocaba el espectro de la sexualidad y el cuerpo femenino incontrolable en la mente popular.3

Las urinettes, sin embargo, intentaron proporcionar una solución de ingeniería para el problema del cobro de centavos. Al igual que los urinarios, las urinettes eran más baratas y más eficientes espacialmente que los sanitarios tradicionales. Además, a pesar del hecho de que el vestido de las mujeres en la década de 1890 todavía era restrictivo, su ropa interior se abría en la entrepierna, sin botones ni abrochaduras. Esta apertura significaba que los urinarios femeninos podrían haber sido más cómodos y más fáciles de usar para las mujeres de lo que serían hoy.

Pero a pesar de que se continuaron instalando, al menos, en la década de 1920, las urinettes nunca parecieron ganar una gran aceptación. Una paciente de Havelock Ellis, Florrie, hizo referencia a la presencia de una urinette en Portsmouth solo para señalar que era estrepitosamente impopular.4 Aunque no hay evidencia histórica de por qué tales experimentos fallaron, lo más probable es que fueran víctimas de un problema mayor al que se enfrentan los baños para mujeres. Al mirar el plano en planta de 1898 para el baño con urinettes y un lavabo, el lado de los hombres tiene siete cubículos, quince urinarios y dos lavabos. Esta asimetría no era accidental, pero era estándar en los baños de esos tiempos.5 



Plano de baño público de Londres de 1898 con urinettes femeninos. De George B. Davis y Frederick Dye, A Complete and Practical Treatise upon Plumbing and Sanitation, 1898.
[Fuente]
Como los ingenieros George Davis y Frederick Dye explicaron en 1898, el problema era que las mujeres a menudo no usaban su lado, con la consecuencia de que los baños para "el sexo débil" eran "más a menudo fracasos, financieramente y prácticamente, que un éxito."6 En consecuencia, se les proporcionaron menos. Sin embargo, la razón por la cual los baños de las mujeres eran fracasos financieros notorios no era simplemente porque las mujeres más pobres no podían permitirse usarlas. La realidad era que, lejos de ser usado universalmente por mujeres, los baños públicos a menudo eran rechazados por ellas, ya sea por temor, disgusto o, como expresaron Davis y Dye, un "peculiar exceso de pudor" que forzó sus cierres.7

Con esta revelación, el panorama se vuelve considerablemente más complejo. Los baños públicos de mujeres estaban claramente definidos por las nociones contemporáneas de la decencia y la feminidad. Pero el cierre de los baños femeninos también nos recuerda que las mujeres victorianas estaban tan involucradas en estos discursos como los hombres victorianos, en la medida en que a menudo anulaban sus propias necesidades físicas cuando estaban en público.

[1] George Bernard Shaw,
"The Unmentionable Case for Women’s Suffrage," en Practical Politics, ed. Lloyd J. Hubenka (Lincoln: University of Nebraska Press, 1976), 104.
[2] Ibid., 103.
[3] Jennifer Bloomer, "The Matter of the Cutting Edge," en Desiring Practices, ed. Duncan McCorquodale, Katerina Redi, y Sarah Wigglesworth (Londres: Black Dog, 1996), 15.
[4] Florrie señala que las mujeres huían de las urinettes "con horror." Citado en Simone de Beauvoir, The Second Sex, ed. y trans. H. M. Parshley, (1949; Londres: Vintage, 1997), 303.
[5] Esta asimetría sigue presente. Un estudio realizado por el Departamento de Medio Ambiente de Estados Unidos en 1992 determinó que la proporción promedio de baños de hombres y mujeres en teatros y cines es de cincuenta y tres a cuarenta y siete. El ideal sería de unos treinta y ocho a sesenta y cuatro. Grace Bradberry, "Why Are We Waiting?" The Times, Septiembre 6, 1999, sec. 3, p. 37.
[6] George B. Davis y Frederick Dye, A Complete and Practical Treatise upon Plumbing and Sanitation Embracing Drainage and Plumbing Practice etc. (Londres: E. and F. N. Spon, 1898), 171-72.
[7] Ibid., 182.

GERSHENSON, Olga, ‎PENNER, Barbara (eds.), Ladies and Gents: Public Toilets and Gender, Temple University Press, Philadelphia, 2009, p. 143-144. [Traducción propia]

5.3.19

Baños públicos para mujeres en la Gran Bretaña victoriana


Cerradura de puerta de baño público que funciona con moneda. Para cerrar la puerta y poner el letrero de libre a ocupado había que insertar una moneda de un centavo por la ranura. De ahí la expresión "to spend a penny".
Imagen del Science Museum de Londres. [Fuente]

Históricamente, las letrinas públicas compartidas han sido características de la mayoría de las comunidades, y esto sigue siendo así en países en desarrollo como Ghana, China e India. Los baños privados y segregados por sexo fueron una invención moderna y europea occidental ligada a la urbanización, el surgimiento de la reforma sanitaria, la privatización de las funciones corporales y la ideología de género de áreas separadas. Como explica la historiadora Deborah Brunton, en el siglo XIX, servicios públicos como la pavimentación, la iluminación y los servicios contra incendios fueron asumidos por las autoridades municipales como parte de su jurisdicción para garantizar "la circulación libre y segura de bienes y personas" (2005, 188; ver también Laporte 1993). Desde la década de 1840, la preocupación por la salud pública dio a la provisión de baños públicos una urgencia moral y práctica, mientras que la exitosa instalación por George Jinning en The Great Exhibition de 1851 dio a los baños el sello de aprobación oficial (Wright 1960, 200). Sin embargo, la gran mayoría de las instalaciones públicas eran solo para hombres: mientras que las grandes ciudades de Escocia proporcionaban servicios masculinos a partir de la década de 1820, por ejemplo, los servicios femeninos no se construyeron hasta la década de 1860 (Brunton 2005, 191). La falta de baños públicos modificó significativamente la movilidad de las mujeres en la ciudad: en palabras de un contemporáneo: "O las mujeres no salían o las mujeres no 'iban'" (citado en Rappaport 200, 82). En respuesta, la Ladies’ Sanitary Association y miembrxs del público interesadxs ​​hicieron campaña para el establecimiento de las instalaciones para mujeres en lugares muy concurridos. Uno de esos lugares fue el cruce de Park Street y Camden High Street en la sacristía londinense de St. Pancras (Penner 2001). 

Fue en ese cruce donde el gobierno local decidió construir un baño para mujeres. Los residentes y propietarios de ómnibus se opusieron fuertemente. No se limitaron a palabras—el prototipo de madera de un baño construido en la obra fue vandalizado bajo el pretexto de que estaba "obstruyendo el tráfico". El 5 de septiembre de 1900, una delegación se presentó ante el gobierno local para exigir que se pusiera fin a la construcción. Sus miembros se quejaron de que el baño de mujeres reduciría el valor de sus propiedades y cuestionaron la necesidad de tales instalaciones, afirmando falsamente que la mayoría de las mujeres que pasaban por el cruce vivían cerca y podían hacer sus necesidades en casa. Finalmente, uno de los miembros admitió que simplemente "no quería un lugar así bajo su propia ventana" (Penner 2001, 41). Otro lo llamó una "abominación". Como resultado, a pesar de la persistencia del solitario George Bernard Shaw, la obra fue abandonada. No fue hasta diciembre de 1905, después de cinco años de estancamiento, que se tomó la decisión de construir un baño para mujeres en Park Street. 

¿Qué impulsó la fuerte oposición al baño de mujeres? La historiadora de arquitectura Barbara Penner explica que "los miembros de la delegación sintieron claramente que la capacidad para escandalizar y ofender de la instalación propuesta era causada menos por su función que por el sexo de sus futuras usuarias" (2001, 41). Sancionar el baño de mujeres sancionaba eficazmente la presencia femenina en las calles, que violaba el decoro de la clase media y los ideales de las mujeres como estáticos y domésticos. Además, "debido a sus provocativas asociaciones corpóreas, un baño femenino evocaba el espectro de la sexualidad que... envolvía una nebulosa constelación de cuestiones que iban más allá de la conducta sexual en sí misma" (Penner 2001, 45). Al hacer visibles los cuerpos de las mujeres y sus funciones "privadas", el baño amenazaba con transformar a sus usuarias en "mujeres públicas". Estas evocaciones salieron a la superficie en el aire de superioridad y ridiculización que acompañaron al debate en la junta parroquial*, permitiendo un juego de palabras escurridizo para pasar de los lavabos al burdel. La clase social también jugó un papel importante cuando surgieron temores de que el lavabo podría convertirse en una área en la que las mujeres que salían de compras se mezclarían promiscuamente con mujeres de la fábrica o floristas—suponiendo, por supuesto, que estas últimas podrían pagar el precio prohibitivo (y también controvertido) de un centavo (2001, 45).1

[1] Cabe señalar que los temores de contagio entre clases sociales todavía son evidentes en la Gran Bretaña actual. Un artículo reciente en The Guardian señaló que los ciudadanos de Romsey tuvieron que pagar £5000 por un inodoro nuevo para uso exclusivo de la reina. También tiene su propio "trono" especialmente diseñado y que nunca ha usado en la Government House en Hong Kong (Hoggart 2007, 25). 

Referencias: 
Brunton, D. 2005. "Evil Necessaries and Abominable Erections: Public Conveniences and Private Interests in the Scottish City, 1830-1870." Social History of Medicine 18 (2): 187-202.
Hoggart, S. 2007. "Simon Hoggart’s Week: Cues, Royal Loos, and Money Down the Pan." The Guardian, October. 20.
Laporte, D. 1993. History of Shit. Trans. N. Benabid and R. el-Khoury. Cambridge, Mass.: MIT Press.
Penner, B. 2001 "A World of Unmentionable Suffering: Women’s Public Conveniences in Victorian London." Journal of Design History 14 (1): 35-52.
Wright, L. 1960. Clean and Decent: The Fascinating History of the Bathroom and the Water-Closet and of Sundry Habits, Fashions and Accessories of the Toilet, Principally in Great Britain, France, and America. London: Routledge and Paul.

GERSHENSON, Olga, ‎PENNER, Barbara (eds.), "Introduction: The Private Life of Public Conveniences", en Ladies and Gents: Public Toilets and Gender, Temple University Press, Philadelphia, 2009, p. 5-6 [Traducción propia]

* Una junta parroquial (vestry en inglés) era un comité para el gobierno local secular y eclesiástico de un distrito en Inglaterra y Gales que originalmente se reunía en la sacristía de la iglesia parroquial. Las funciones seculares y eclesiásticas de los distritos no se separaron hasta 1984 bajo reformas locales de gobierno. [Fuente]